“Me fui de pollo…”


Hace un par de meses fui a Guatemala para una boda en unas ruinas espectaculares en Antigua. El lugar increíble… pero por restricciones todo termina a las 9 pm. Así que de ahí la seguimos en un bar.

Estábamos pasándola bien, pero ya no tenemos 18 y el sueño y el hambre nos empezaron a jugar en contra. Tipo medianoche decidimos ir en busca de comida y luego a dormir. Y en la salida, me encuentro un chiquito, tal vez de 7 años, vendiendo chicles.

Me recordó demasiado a mi hijo. Medianoche… y él ahí. Le pregunto:
—¿Y sus papás?
—Mi papá se murió… y mi mamá anda por no sé dónde.

Y bueeeno, los que me conocen saben que no me puedo quedar sin hacer nada. Entonces le digo:
—¿Tiene hambre?

Y ahí empezó todo. Aparecen dos más. Después otros dos. Después otros dos. En minutos… éramos 12 caminando hacia Taco Bell.

En Antigua es difícil encontrar los lugares porque todos mantienen su arquitectura y en la noche nada que lo encontraba.

Vemos un súper pequeño y digo: bueno, aquí es la cosa. Cada uno agarre tres cosas… Pero no había terminado de decirlo y ya era medio caos. Cerramos la puerta. Ordenamos. Uno por uno, con su bolsa. El cajero pasando todo.

Algunos pedían algo adicional. Hasta tuve que meter una lata de frijoles porque la mayoría estaba llevando comida no tan saludable. Y bueeeno… todo bien. Hasta que llega la cuenta. Y el mae me dice:
—Ok, son $600.

Me quedo frío.

—Mae… ¿cómo así? Estamos hablando de 12 chiquillos con snacks, no un supermercado entero.
—Revise. Hagamos lista.

Y ahí cambió todo. El cajero, que resultó ser el hijo del dueño, empieza a ponerse a la defensiva. Llama al papá. Empiezan los comentarios:

—“Eso le pasa por querer ayudar a patojos, te agarraron de tonto…”
—“Aquí no somos cualquier cosa…”

Yo tranquilo.

—Mae, todo bien. Solo hagamos la lista porque me parece que estás cobrando cosas que no son. Nada.

La cosa empieza a escalar. Pasa un policía. Lo llamo. Empiezan a llegar más. El papá llega grabando. Más patrullas. De repente… éramos como 20 personas adentro de un supermercado de 2x2. Policías, el dueño, el hijo, mi compa… y yo en medio de todo.

Todos discutiendo y yo ya veía que esto no iba para ningún lugar. El dueño justificando, los policías cuestionando y yo sin poder hacer mucho; palabra contra palabra. Y llegó un punto donde tuve que tomar una decisión.

Podía seguir peleando, perder más tiempo, meterme en un problema más grande… o aceptar algo simple: Yo había tomado la decisión de ayudar. Y este había sido el resultado. Así que pagué. Me bajaron un poco el monto porque hasta la policía entendió que algo no cuadraba… y me fui.

Después, todos me dijeron:

—“¿Ves? Esa es la lección.”
—“No hay que ayudar a todo el mundo, tiene que tener mas cuidado, bla, bla.”

Pero honestamente… esa no fue mi conclusión.

Sí, esta vez salió mal. Sí, probablemente se aprovecharon. Sí, fui ingenuo en algunas cosas.

Pero tampoco voy a dejar que una mala experiencia me quite algo en lo que creo. Más bien me fui tranquilo. Y pensé:

Si volviera a estar ahí… volvería a ayudar. Porque creo que una de las peores cosas que nos puede pasar es dejar que las malas experiencias nos impidan seguir haciendo en lo que uno cree.

No dejemos que algunas cosas que salen mal se conviertan en excusas para dejar de ser quienes queremos ser.

¡Hola capitanes y capitanas!

Soy Amadeo, un emprendedor de la vida, impulsado por lo social, amante de la adrenalina y papá de dos hijos. Me encantan los negocios, sobre todo los emprendimientos, pero lo que más me mueve es formar más capitanes, que como yo, puedan tener las oportunidades para ser feliz, soñar y dejar una huella.

Read more from ¡Hola capitanes y capitanas!

Este año inició movido, tan movido que ya ni sé cómo han pasado cuatro meses y siento que no hice nada, pero hice de todo. Sí, suena raro, ¿no? Pero es lo que siento. En mis rumbos de capitán voy pasando las olas de la vida, y hay momentos en que uno tira el ancla para reflexionar. No es fácil hacerlo, ya que el barco siempre lleva momentum, y esto le quita a uno la oportunidad de descubrir nuevos destinos. No siempre podemos hacer todo, es lo que llamamos los "trade-offs" de la vida. Las...

Vi una película que me dejó pensando bastante. La película es Green Book. Cuenta la historia de un pianista negro que contrata a un “bouncer” para que lo acompañe durante una gira por el sur de Estados Unidos. Dos mundos totalmente distintos… obligados a convivir. Y como pasa muchas veces en la vida, en esa incomodidad es donde salen las mejores lecciones. A mí me dejó tres, pero además me hicieron pensar en experiencias propias: La palabra y el honor. Hay una escena donde al conductor le...

Hola, pura vida. He tenido varios meses en los que dejé de escribir. Perdí la constancia y, la verdad, me hace falta. Escribir es terapia. Es una manera de reflexionar que me hace sentir mejor. Nos obliga a concentrarnos en algo y bajar las revoluciones. Y eso, a mí, me cuesta mucho. Por eso voy a tratar de seguir haciéndolo… y ojalá no se aburran de mis habladas de paja. El otro día me pasó algo que me dejó pensando. Llegué al estadio y, apenas empezó el partido, escuché gritos e insultos....