Siempre estoy cuestionando mi rol en el mundo: qué quiero hacer y qué debo hacer. No es una crisis existencial, sino una búsqueda constante de cómo sacarle el máximo provecho a la vida. Para bien o para mal, me cuesta estar conforme con lo logrado. Siempre quiero más. Charlie Munger decía que “The secret to happiness is to lower your expectations”, pero claramente, ese no es mi caso. Para mí, ese impulso de buscar más es mi motor. Claro, a veces tengo que frenarlo un poco, porque, por ir tan rápido, puedo no disfrutar el momento presente. Hablando de Munger, es alguien muy interesante del cual se puede aprender mucho. Su forma de ver la vida y los negocios me ha marcado, y recientemente Robert Herjavec compartió lo que considera sus diez lecciones más importantes sobre él. Munger vivía de forma simple, en la misma casa desde los años 50, sin lujos, demostrando que la verdadera riqueza no necesita exhibirse. Para él, el dinero era solo una herramienta para construir, no un fin en sí mismo. Creía en la curiosidad como un motor de crecimiento y en la importancia de prepararse para el largo plazo. Buscaba negocios que fueran sólidos por sí mismos, aquellos que incluso un "tonto" podría manejar, porque la simplicidad operativa es clave para la inversión. Sabía diferenciar entre ser inversor y ser operador, entendiendo que cada uno tiene su rol y debe especializarse. Prefería pagar un precio justo por un buen negocio en lugar de buscar gangas sin valor real. Evitaba la sobrecomplicación, confiando en que las mejores ideas suelen ser las más simples. Entendía que el dinero compra libertad más que cosas materiales, y por eso vivía sin excesos, priorizando la paz mental y la claridad sobre la acumulación innecesaria. Mientras reflexionaba sobre estas ideas, recordé un ejercicio que, hace un tiempo, hice con Don Harry Strachan. A Don Harry le tengo un gran aprecio, y aunque solo he tenido la oportunidad de verlo en pocas ocasiones, cada conversación con él ha valido oro. En uno de esos encuentros, me ayudó a identificar cinco posibles caminos para mi vida: ser presidente de Costa Rica, ser un emprendedor exitoso, liderar el mejor programa social de Centroamérica, convertirme en el actor más relevante del ecosistema de emprendimiento en la región o alcanzar un puesto muy alto en una multinacional de gran prestigio. La tarea era escoger uno y justificar por qué. Fue un reto, porque todas las opciones me parecían fascinantes. Sin embargo, la vida exige decisiones, así que empecé por eliminar las dos que menos resonaban conmigo: la presidencia y el camino corporativo. Para hacerlo, me apoyé en el concepto japonés de Ikigai, que habla de encontrar propósito en la intersección de lo que amas, en lo que eres bueno, lo que el mundo necesita y aquello por lo que puedes ser remunerado. Este ejercicio me hizo pensar en lo importante que es tomar decisiones alineadas con el propósito y no solo con lo que suena atractivo en papel. A veces, la respuesta no es inmediata, pero cuestionarse constantemente ayuda a encontrar el camino correcto. Entonces, me quedaban tres opciones y apliqué el Ikigai:
Tras aplicar el Ikigai a mis tres opciones finales, descubrí que la mejor alineación entre propósito, habilidades, necesidades del mundo y sostenibilidad económica está en convertirme en el actor más relevante del ecosistema emprendedor en la región. Esta elección me permitiría generar un impacto social positivo al apoyar a emprendedores, crear oportunidades económicas, mentorías, academia y asociaciones estratégicas, y al mismo tiempo, mantener mi pasión por innovar y conectar personas. Esta opción ofrece el equilibrio perfecto entre propósito y prosperidad, permitiéndome construir no solo un negocio sólido, sino también una comunidad más fuerte. Me pregunto cuántas personas han hecho este ejercicio de reflexión. ¿Cómo encontraron su propósito? ¿Cómo toman decisiones que realmente los acerquen a lo que quieren lograr? Pura vida. |
Soy Amadeo, un emprendedor de la vida, impulsado por lo social, amante de la adrenalina y papá de dos hijos. Me encantan los negocios, sobre todo los emprendimientos, pero lo que más me mueve es formar más capitanes, que como yo, puedan tener las oportunidades para ser feliz, soñar y dejar una huella.
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