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Desde que tengo memoria, me ha fascinado la pesca. Suena curioso, porque siempre he sido amante de la velocidad, del sonido de los motores, de la adrenalina pura. ¿Pesca? Muchos piensan que es lenta, aburrida, demasiado tranquila. Y puede serlo. Pero cuando lo hacés, entendés que la pesca tiene sus propios picos de emoción. En el momento que un pez pica, el corazón se acelera como si estuvieras manejando a 200 km/h en una carrera. Es otra forma de adrenalina. Más silenciosa, más profunda… pero igual de intensa. La pesca me ha enseñado mucho más de lo que imaginé: paciencia, técnica, precisión, intuición. Y, sobre todo, saber cuándo insistir y cuándo cambiar de estrategia. Exactamente como en la vida y en los negocios. Recuerdo una de mis primeras salidas. Tenía unos 7 años, nos despertamos temprano para ir a las rocas de Playa Hermosa. Yo llevaba una cuerda envuelta en un pedazo de madera (así empecé), y me fui con Félix, el cuidador de la casa. Para nosotros, Félix era una mezcla de Aquaman y Tarzan. Sabía todo del mar, podía aguantar minutos bajo el agua, nos enseñaba con una calma. Era nuestro mentor marino. Ese día tiramos y tiramos y no sacábamos nada. Hasta que Félix improvisó con un anzuelo hecho de hueso —de vaca, o de cabra, nunca supe bien— lo lanzó y… ¡pum! Picó. Un gallo. Lo sacó él, pero todos sentimos el triunfo como propio. Ese fue mi primer sabor de victoria en el mar. Años después, ya salíamos en lancha. Me acuerdo bien de una salida en la famosa Xqu. Llevamos a mi abuelo materno, Papulo. Desde que salimos, se mareó. Tanto así que mi papá me pasó su caña para poder ayudarle mientras seguiamos tratando de sacar algo. Yo tenía 8 años. De repente, vimos un pez vela saltar y sentí un jalón. Si no me ayudan, pierdo la caña de fijo. La pelea fue épica. El vela era más grande que la lancha. Pero al final lo logramos. Los velas no se comen, es pesca deportiva, pero lastimosamente por nuestra falta de experiencia el vela murió. Al final, todo el pueblo comió ese día. También hubo salidas de pesca nocturna, en la Penca, con los Pérez. Oscuridad total, pero salían pargos, tiburones, de todo. Regresábamos sin luz, cansados y felices. Esos momentos se quedaron grabados como aventuras compartidas, instantes donde uno conecta con el mar y con la gente. Más adelante me metí en la pesca con arbaleta. El nivel de adrenalina sube aún más, pero confieso que esa modalidad me cuesta. Hay algo en apuntar y disparar directamente que no me encanta. Aunque entiendo que todo es parte del ciclo natural de la alimentación, sigo teniendo un respeto enorme por los animales. Algo que he aprendido es que en el mar, como en la vida, el control y el balance son clave. Si perdés el centro, te mareás. Y si te mareás, el día se vuelve una pesadilla. En los negocios es igual: si perdés foco o equilibrio emocional, podés arruinar decisiones importantes. Tengo suerte de no marearme fácilmente, pero liderar un equipo —ya sea en altamar o en una junta directiva— también implica cuidar a los que si. Hoy, la pesca tomó un nuevo significado. Ahora salgo con mis hijos. Verlos emocionarse con cada pique, enseñarles cómo lanzar una línea, compartir ese silencio que solo se rompe con risas o historias... se ha vuelto uno de los momentos más chivas que tenemos juntos. Es un espacio sin pantallas ni distracciones. Solo nosotros, el mar, y la posibilidad de una nueva historia. Y es que la pesca, al final, no se trata solo de sacar peces. Se trata de esperar con esperanza. De saber leer señales. De celebrar en equipo. De aceptar que a veces no hay pique, pero igual valió la pena salir. Porque en la pesca —como en la vida, en la familia o en los negocios— lo que más se recuerda no es lo que se sacó… sino con quién se compartió el intento. Y a ustedes, ¿le gusta pescar? Pura vida. 🌊 Hablando del mar… este finde me fui a Ocho Homes Nosara 🏡💙 Los invito a quedarse aquí: Lo mejor: además de pasarla increíble, apoyan a la comunidad: el 100% es sin fines de lucro y se invierte en proyectos locales. 📬 Interesados, escriban a Sergio: nosara@ochohomes.com |
Soy Amadeo, un emprendedor de la vida, impulsado por lo social, amante de la adrenalina y papá de dos hijos. Me encantan los negocios, sobre todo los emprendimientos, pero lo que más me mueve es formar más capitanes, que como yo, puedan tener las oportunidades para ser feliz, soñar y dejar una huella.
Hace un par de meses fui a Guatemala para una boda en unas ruinas espectaculares en Antigua. El lugar increíble… pero por restricciones todo termina a las 9 pm. Así que de ahí la seguimos en un bar. Estábamos pasándola bien, pero ya no tenemos 18 y el sueño y el hambre nos empezaron a jugar en contra. Tipo medianoche decidimos ir en busca de comida y luego a dormir. Y en la salida, me encuentro un chiquito, tal vez de 7 años, vendiendo chicles. Me recordó demasiado a mi hijo. Medianoche… y él...
Este año inició movido, tan movido que ya ni sé cómo han pasado cuatro meses y siento que no hice nada, pero hice de todo. Sí, suena raro, ¿no? Pero es lo que siento. En mis rumbos de capitán voy pasando las olas de la vida, y hay momentos en que uno tira el ancla para reflexionar. No es fácil hacerlo, ya que el barco siempre lleva momentum, y esto le quita a uno la oportunidad de descubrir nuevos destinos. No siempre podemos hacer todo, es lo que llamamos los "trade-offs" de la vida. Las...
Vi una película que me dejó pensando bastante. La película es Green Book. Cuenta la historia de un pianista negro que contrata a un “bouncer” para que lo acompañe durante una gira por el sur de Estados Unidos. Dos mundos totalmente distintos… obligados a convivir. Y como pasa muchas veces en la vida, en esa incomodidad es donde salen las mejores lecciones. A mí me dejó tres, pero además me hicieron pensar en experiencias propias: La palabra y el honor. Hay una escena donde al conductor le...